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La Alhambra desde El Generalife

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20171214

CAPILLA REAL (interior


Granada representó mucho para los Reyes Católicos. Aquí se realiza el ultimo paso, el decisivo, tan ansiado por ellos, la unificación de España. Cuando comienza el reinado de Fernando e Isabel, la Península Ibérica está dividida en cinco reinos independientes: Castilla, Aragón, Navarra, Portugal y Granada. En los dos primeros estaban comprendidos numerosos reinos antiguos como León, Murcia, Jaén, Córdoba, Sevilla y Valencia, también hay otros territorios de fuerte personalidad histórica como los Principados de Asturias y Cataluña.


A su muerte están unidos todos ellos. En este proceso la integración de Granada fue la empresa más costosa y deseada, fue el final de la larga historia medieval española dirigida hacia la recuperación de la unidad territorial. En Granada está el último capítulo de una empresa secular y en Granada está también el primer capítulo de otra gran empresa la expansión atlántica, que define el dinamismo del reinado, sin olvidar los movimientos hacia Italia, los Países Bajos, Inglaterra y hacia Portugal. Se constituye así en el centro del reinado en sus aspectos más significativos y valiosos, aquellos que cambiaron la historia española y universal.


Retablo mayor de la Capilla Real de Granada de Felipe Vigarny, en el que también pudieron intervenir Alonso de Berruguete y Jacobo Frorentino.

RETABLOS ARMARIOS RELICARIOS obra de Alonso de Mena (1587-1646)
En el retablo de la izquierda, la Inmaculada Concepción, San Juan Bautista, San Pedro y San Pablo. Abajo, sobre puertas practicables, los retratos en relieve de los monarcas: Fernando e Isabel, Felipe y Juana.

RETABLOS ARMARIOS RELICARIOS obra de Alonso de Mena (1587-1646)
En el retablo relicario del lado derecho del crucero sobre las grandes puertas, en cuatro espacios rectangulares aparecen en relieve. San Miguel y Santiago, San José itinerante y, posiblemente, San Felipe, patrón del monarca reinante. En la parte de abajo Carlos e Isabel, Felipe IV e Isabel de Borbón.
En los centros de ambos retablos y sobre la unión de los cerramientos de sus dos puertas principales, dos grandes escudos de España que, junto al yugo y las flechas, subrayan el rango real del conjunto.


En Granada muere la Edad Media y nace la modernidad, en la renovación del arte con el renacimiento, cambian las formas de gobernar y las nuevas instituciones que sirven para ello. Entre éstas hay tres, que se ensayan en Granada y serán los instrumentos de gobierno en la inmensidad de los territorios ultramarinos: la Real Chancillería, la Capitanía General y el Patronato regio, sobre una Iglesia que se enfrenta a algo olvidado en la España anterior, la labor misionera.



La reja central es una de las más bellas del XVI español. Su autor, el maestro Bartolomé la concibió a modo de retablo, como ellos, en pisos y calles. Consta de tres pisos más el ático en sentido horizontal; cinco calles —la central de doble anchura— en sentido vertical separadas por pilares. En el conjunto se equilibran gótico y plateresco. Desde abajo y hacia arriba.


En el primer piso, de gran sobriedad, la decoración predominante es el grutesco desarrollada en los pilares —obra de Cubillana— y en el friso adornado a la italiana combinando elementos vegetales, medallones con bustos y figurillas desnudas.


En la calle central el segundo piso destaca, por su expresividad y simbolismo, el escudo de los Reyes Católicos. Ritmos circulares, conjunción de dorados y policromías, para dirigir nuestra atención hacia las tumbas reales. Se complementa la decoración escultórica de este cuerpo con seis apóstoles, que se repiten en el tercer piso a menor tamaño. Entre este piso y el siguiente otro bello friso de grutescos dorados donde predominan los ritmos en forma de ese.


En el ático, la reja se convierte en un retablo con un programa iconográfico relacionado con el retablo mayor: Exaltación de la Pasión de Cristo y de los Santos Juanes. Las escenas representan, de izquierda a derecha: Bautismo de Jesús, Decapitación del Bautista, Oración del huerto, Prendimiento, Coronación de espinas, Flagelación, Descendimiento, Entierro, Resurrección y Martirio de Juan Evangelista. Sobresaliendo por encima del festón plateresco la escena cumbre, tanto desde el punto de vista formal como iconográfico, Cristo en la Cruz, acompañado por la Virgen y San Juan. La composición se impone con fuerza en el espacio como símbolo triunfal. Sus dos metros y medio de altura materializan la filosofía cristiana sobre la muerte, no como término de la vida, sino como paso para renacer a otra vida; en definitiva, la esperanza cristiana de los nuevos cielos y la nueva tierra.


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