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La Alhambra desde El Generalife

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20170519

Virgen del Rosario de Granada. Sala de la Reina


La cúpula del Camarín de la Virgen del Rosario es la representación plástica de la maternidad divina, la “llena de Gracia” del evangelio de S.Lucas, (según nos comentan)


Al entrar vemos que todos los recursos artísticos del barroco se dan cita en esta sala, como son la gran cantidad de puntos de vista, de efectos luminosos, la bóveda hecha a base de una cúpula central y medias cúpulas con descargue sucesivo en cuatro trompas, paralelismo con la representación de la bóveda celeste (Cúpula) y la cuadratura de la tierra (el pavimento) todo ello dentro de la tradición aristotélica. 



El suelo está formado por un mosaico de mármol con motivos alegóricos a la batalla de Lepanto.



El zócalo atesora delicadas efigies de ángeles en las pilastras y bajorrelieves con pasajes bíblicos alusivos a la mujer.


  
La riqueza de los mármoles de diversos colores se mezclan  con las pinturas murales y el reflejo de los espejos, que junto con el brillo tenue de las luces, tejen un ambiente único. Un lugar fascinante, concebido para cobijar la imagen de la copatrona de Granada, Ntra. Sra. del Rosario.


La indumentaria de plata de la Virgen se compone de una saya entera con mangas de punta colocada sobre el cuerpo y el verdugado. Estas dos prendas eran las más características del vestido femenino español de ceremonia durante la segunda mitad del siglo XVI y principios del XVII. 



El cuerpo era un corsé rígido colocado en punta encima de la falda y sobre la camisa, forrado de una tela basta y bordeada de alambre, que alargaba el talle y comprimía el pecho de la mujer. El verdugado era una enagua armada con aros de alambre o madera para ahuecar las faldas y darle un aspecto acampanado y sin arrugas. 



Esta vestimenta se reproduce en el retrato que el pintor Sánchez Coello realizó en 1571 a Ana de Austria, esposa de Felipe II, su traje refleja perfectamente la moda femenina de la segunda mitad del siglo XVI.



En esta época el recato en el traje femenino llegaba a tal extremo que para impedir que los pies quedaran a la vista cuando las damas se sentaban se había provisto a las faldas de un alto pliegue como se observa en el citado retrato y reproduce también el vestido de la Virgen del Rosario. Ésta última presenta además un recogido por detrás creando una serie de plegados en paralelo.



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