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La Alhambra desde El Generalife

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20120228

LA ROSA DE LA ALHAMBRA (Capitulo 3)

Al día siguiente las tres princesas se pasaron toda la mañana llenas de impaciencia, esperando que llegase el mediodía.

               
                       
Llegaron los tres caballeros cristianos, al pie mismo de la torre y entonaron algunas de sus mejores canciones españolas, con la guitarra. En la tranquilidad de aquellas horas, sus voces llegaron con claridad desde lo profundo del barranco hasta lo alto de la ventana en la que se encontraban las princesas.
Kadiga, estaba asustada, temiendo que alguien pudiera sorprenderles, pero a ella les emocionaban las bellas canciones de su tierra. Cuando la guitarra enmudeció Zoraida tomó un laúd y entonó a su vez una canción, cuyo estribillo era muy significativo: "Aunque oculta está la flor, con deleite escucha al galante ruiseñor..."    
          


 
Y así se fueron tejiendo los hilos de aquel romance entre unos caballeros cautivos y tres niñas moras.
Gracias a las monedas de oro que Kadiga iba deslizando en la mano del barbudo Hussein Baba, los caballeros eran llevados diariamente al barranco. Y también a diario podían oír las princesas sus canciones, a las que contestaban, manteniéndose así una especie de comunicación que a todos satisfacía.
Pero pasaron varios días y ninguna canción subió desde el barranco.
Las princesas se angustiaron. ¿Qué podía haberles sucedido a los tres caballeros cautivos?
Kadiga salió en busca de noticias y regresó muy apenada.
- “¡Es el fin de vuestro sueño, mis hermosas princesas!” -les dijo, a su regreso-. Los tres caballeros españoles han sido rescatados por sus familias y ahora se encuentran en Granada, disponiendo el regreso a su patria.
Las palabras llenas de buen sentido de Kadiga, no consiguieron calmar a las tres princesas. Y suspiraron y lloraron en silencio, mientras su mirada se posaba, con gran tristeza, en el barranco por el que tantas veces subieron hasta ellas las canciones de los caballeros.
Por fin, una mañana Kadiga entró en su cámara, simulando una gran indignación:
- “¡Qué desfachatez la de esos caballeros! ¡Qué insolencia la suya!
¡Qué atrevimiento! ¡No quiero que volváis a hablarme de esos caballeros españoles ¡Si vuestro padre llegara a enterarse...!”
- “¿Qué sucede, buena Kadiga?” - pregunto Zaida.


- “Me han propuesto nada menos que hacer traición al rey, vuestro padre”.
- “Explícate, por favor” -le pidieron – “Sí, os lo diré. ¡Vaya si os lo diré!. Pues veréis, los caballeros cristianos se han atrevido a pedirme que os convenza para que aceptéis marchar con ellos a su patria, Córdoba, y allí os convirtáis en sus esposas. Es terrible, terrible... ¡Qué insolencia!”
Las tres princesas se miraron perplejas..., pero sintiéndose también muy contentas, en el fondo de sus corazones.
- “Y eso, ¿sería posible...? En el supuesto, naturalmente, que aceptáramos la proposición.”
Kadiga respondió rápidamente:”- ¡Claro que sería posible! ¡Todo lo tienen ya dispuesto, sólo falta vuestro consentimiento!
 ¡Son unos insolentes y unos atrevidos, ya os lo dije!”. Hussein Baba ha sido comprado con sus promesas y ha elaborado un plan muy bien organizado.
La tierra de esos caballeros es también la de vuestra madre y su fe la que ella tuvo desde su niñez hasta su muerte. Las tres princesas se miraron de nuevo. La decisión iba afirmándose en sus espíritus.
- “Kadiga tiene razón -afirmó Zaida-. En el país de nuestra madre viviríamos en libertad, junto a un esposo joven y enamorado, mientras que aquí vivimos prisioneras de un padre intransigente y severo”.
Después, dirigiéndose a Kadiga. – “En cuanto a ti, no temas. También tú vendrás con nosotras y podrás regresar a tu ciudad, o quedarte a vivir a nuestro lado. ¡Has sido siempre muy buena y nos has querido y ayudado en todo momento!”
-“También los caballeros cristianos me han propuesto que marche con vosotras. Dicen que así tendréis quien os cuide durante el viaje, en tanto llegáis a sus palacios y os convertís, en sus esposas. Y como que también Hussein Baba huirá con ellos de Granada, él se encargará de llevarme a la grupa de su caballo.”
Y así quedó todo decidido. La colina sobre la que se levanta la Alhambra, está llena de pasadizos secretos y pasillos que sólo algunos conocen. Y por uno de esos pasadizos, que Hussein Baba conocía bien por confidencias de un capitán de la guardia real, el carcelero se había comprometido a sacar de su torre a las princesas y a su dueña, y llevarlas al otro lado de las murallas que rodeaban la ciudad, donde ya las aguardarían los caballeros españoles, con caballos fuertes, resistentes y veloces con los que llegarían a la frontera en poco tiempo.

CONTINUARA...

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